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أهلا وسهلا – Bienvenida en 5 minutos

In Cairotades on 08/01/2011 at 11:28 pm

Minuto 1: El regateo

Bajo del avión tan nerviosa que ni siquiera alcanzo a ver las palmeras que salpican la pista aérea y que tanto me llamaron la atención en verano. Ya fuera y con las maletas, no consigo encontrar un taxi convencional, así que me tomo el lujo de coger uno de una compañía privada que me cuesta una pequeña fortuna (80 libras o 11 euros), aunque menos de las 120 que me pedían al principio. El regateo, primera victoria.

Minuto 2: El taxi

El taxi es moderno para lo que es habitual aquí –alcanza los 100 kilómetros por hora-, pero el taxista conduce como todos los demás. Esto es: una mano sobre el claxon, la otra sobre la palanca de las luces largas, el acelerador a fondo y los ojos viajando intermitentes de la luna delantera al retrovisor y vuelta a empezar.

Minuto 3: Por la ventanilla

Por si queda alguien que todavía no lo ha oído, el tráfico es caótico. No es raro ver coches sin matrícula hechos con pedazos de otros vehículos. Algunos autobuses urbanos llevan grabadas las letras “Nasser Cars”, y por su aspecto, podrían ser realmente de la época de Nasser. Burros, camiones cargados de fruta, motos con tres o más tripulantes y toda clase de vehículos averiados en los “arcenes” son el paisaje habitual de las calles cairotas.

Los carriles no existen, los semáforos tampoco y la única ley que vale es la del más lanzado. A base de golpes de bocina y destellos de largas, los vehículos se adelantan, dan frenazos y pasan entre otros coches con una precisión que deja a los motoristas barceloneses -que se las dan de audaces- en el parvulario.

Minuto 4: La 26 de julio

Atisbo las primeras imágenes de El Cairo por entre las vallas a ambos lados de la “calle” 26 de Julio. Deberían llamarla autopista. Con más carriles que la AP-7, la 26 de Julio es una enorme arteria que transcurre literalmente sobre la ciudad. Mirando abajo, el pasajero curioso consigue entrever una madeja de calles iluminadas por los escaparates de las tiendas, edificios de oficinas desvencijados y algún que otro callejón oscuro.

Minuto 5: Planta dieciséis

Ya en casa de Fran, alucino con las vistas de la habitación que me ha dejado. Desde la decimosexta planta, el Nilo, el tráfico y la Corniche cortan la respiración. No tengo vértigo, pero abro la ventana y doy un respingo. Golpean como un bofetón el ruido ensordecedor de cláxones y la voz de los muecines, que llaman a la última plegaria del día. El Cairo, ahí abajo, es un monstruo, y su rugido se cuela por todas las rendijas recordando al recién llegado que el silencio es un lujo europeo y el ruido, una seña de identidad.


Y al que le moleste, que traiga tapones.

 

Anuncis
  1. Suena estresante y apasionante al tiempo. Pues poco más que decirte… disfruta la experiencia, cuenta El Cairo desde la planta 16 y, sobre todo, desde el suelo y haz muchas muchas fotos! Suerte!!

  2. Hola Laura: Hace mucho que soy fan tuya, ahora te seguiré en tu trabajo en El Cairo, en este momento apasionante y peligroso que está viviendo Egipto. Buena suerte y adelante. Besos.

  3. Gracias por hacernos sentir casi allí!!

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