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La teoría de la conspiración

In Uncategorized on 12/02/2012 at 8:43 pm

Llegada de los Ultras Ahlawy a El Cairo en trenes

Una de las primeras cosas que me dijeron mis excompañeros de Efe al llegar a El Cairo fue que los árabes son grandes amantes de la teoría de la conspiración. “Espera un poco y tu también verás teorías de la conspiración en todas partes”. En aquél momento me reí. Ahora ya no lo hago. Tenían razón.

En el mundo árabe, cuando algo no se puede explicar, cosa que pasa a menudo, se recurre a la teoría de la conspiración con la misma rapidez y alegría con que los antiguos griegos inventaban mitos para explicar la creación del mundo.

La primera teoría de la conspiración que viví fue un suceso minúsculo durante la revolución egipcia que ha caído en el olvido colectivo, sepultado por todo lo que sucedió después.

Corrían los primeros días de revolución, cuando todavía la Policía apaleaba a los manifestantes cuando un grupo de hombres armados la emprendió a tiros contra quienes estaban dentro del Ministerio del Interior. En un momento en el que la Policía y su Ministerio eran clave, este suceso parecía esencial para entender lo que ocurría en las calles del país. Pero nunca pudimos saber quien era aquella gente, porqué tenían armas y de qué iba aquella batalla de la que nunca más nadie ha hablado.

El misterioso ataque al Ministerio del Interior fue para mí el inicio de una serie de sucesos incomprensibles que siempre me dejan con la sensación de que, por mucho que mire, hay algo que me estoy perdiendo.

Sucedió la semana pasada con la masacre de Port Said. Aquella noche, tras corretear por El Cairo en busca de manifestaciones escurridizas, terminé en el club Al Ahly, en Zamalek, donde varios centenares de personas se manifestaban entre el dolor y el desconcierto. Incluso allí, pocos minutos después de la matanza y sin saber siquiera si sus compañeros eran una de las 75 personas que fallecieron aquella noche, los ultras de Al Ahly se preguntaban porqué. Y quién. Y cómo.

Desde entonces las teorías han fluido con una facilidad que hace justicia a la fama de El Cairo como capital mundial de rumores y conspiraciones. Pero lo cierto es que la teoría de la conspiración es lo único que explica aquellos sucesos. Porque aceptada la premisa de que lo que sucedió no fue un mero choque entre ultras de equipos de fútbol rivales, lo único que quedan son interrogantes.

Una de las primeras teorías fue que la matanza fue una venganza de la Policía sobre los ultras, que durante años se han enfrentado a ella y que obtuvieron una victoria casi definitiva en la Revolución del 25 de Enero, cuando la Policía tuvo que retirarse de las calles egipcias y dejar paso al Ejército. El problema es que, tras los últimos sucesos violentos en el centro de El Cairo, ha quedado demostrado que la Policía no se descontrola y cumple a rajatabla las órdenes que le llegan desde arriba.

Otras teorías apuntaban a que ‘fulul’ (partidarios del régimen de Mubarak) descargaron su frustración sobre los hinchas del Al Ahly para contribuir en la imagen de que Egipto es un país sumido en el caos desde que el rais abandonó el poder.

Hay incluso quien sostiene que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) ordenó el ataque para castigar a quienes en los últimos meses han estado en primera línea de batalla pidiendo su caída. Otros sostienen que al SCAF también le conviene que Egipto se hunda en el caos para volver a imponer la ley de emergencia y alargar su mandato de forma indefinida, alegando que Egipto necesita al Ejército para seguir funcionando.

Lo que dicta la madre de las teorías de la conspiración es que hay algo por encima de todo esto que mueve los hilos. Y, por una vez, parece ser la única explicación de la torpeza de las decisiones de Tantaui y su SCAF, que en los últimos meses se ha cobrado la vida de centenares de personas.

Analistas como Issandr al Amrani y Magdy Saaman plantean que el SCAF tiene conocimiento de lo que sucede en el país a través de los servicios secretos, que lo saben todo y controlan el flujo de información que llega a los generales.

Estaba anunciando la renuncia de Mubarak, pero Egipto se preguntaba: ¿Quién es el hombre que está detrás de Omar Suleiman?

En la cabeza de este organismo está Murad Muwafi, que heredó el puesto del célebre Omar Suleiman. De Muwafi se sabe poco. Que concentra mucho poder en sus manos, que casi no aparece en televisión y que ha asistido a los encuentros más secretos y más importantes de los últimos meses.

¿Serán los servicios secretos la pieza que falta en el rompecabezas de la caótica transición egipcia?

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  1. Mira pues creo que sí porque son los que saben todo, más que los hackers informáticos que atacan a las webs…
    besitos

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