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De Público y el periodismo

In Uncategorized on 26/02/2012 at 8:58 pm

El fotógrafo Rémi Ochlik durante los disturbios en Mohamed Mahmud, Egipto, noviembre de 2011

“In an age of 24-7 rolling news, blogs and twitters, we are on constant call wherever we are. But war reporting is still essentially the same: someone has to go there and see what’s happening.”

You can’t get that information without going to places where people are being shot at, and others are shooting at you. The real difficulty is having enough faith in humanity to believe that people, be they government, military or the man in the street, will care when your file reaches the printed page, the website or the TV screen. We do have that faith because we believe we do make a difference.”

Marie Colvin

La noticia de que Público cierra su edición impresa me pilla leyendo las necrológicas de la periodista Marie Colvin y el fotógrafo Rémi Ochlik, muertos durante un bombardeo en la ciudad rebelde de Homs, en Siria. Son días negros para esta profesión.

El cierre de Público es terrible porque es la pérdida de una forma de ver el mundo. Me pregunto cosas absurdas como qué aspecto tendrá el agujero que este periódico deja en los quioscos de toda España. Si los vendedores optarán por el Hola o por más ejemplares de La Vanguardia –por poner un ejemplo- para tapar el hueco.

Lo que no tengo que preguntarme es a qué sabe la sensación de vacío que le queda a un periodista cuando le dicen que cierra uno de tus periódicos. Lo principal no es esa mirada de preocupación a la cuenta corriente, sino la tristeza por el cariño y la profesionalidad con que los trabajadores de Público han llevado la situación. Por el buen trato y por el reguero de oportunidades en forma de páginas impresas que me han dado en estas escasas tres semanas.

Son días negros para la profesión, pero lo que me consuela es que tampoco el periodismo tuvo nunca días brillantes. Hay quien recuerda con nostalgia aquellos tiempos en que los medios de comunicación pagaban el transporte, el alojamiento y hasta un coche blindado para que sus chicos se fueran a Sarajevo. Pero Miguel Gil llegó a Bosnia con una acreditación de Solo Moto tras haber cruzado Europa a lomos de su motocicleta.

Aún así, ahora que la figura del corresponsal se tiñe del color amarillento de las cosas de otra época, pérdidas como la de Marie Colvin calan más. Hacen que me pregunte si en este mundo de medios cada vez más enclenques con periodistas cada vez más precarios será capaz de engendrar grandes reporteros, grandes corresponsales y grandes enviados especiales como los que en los últimos cincuenta años han arrojado luz sobre los recovecos más oscuros del horror humano y han sido capaces de convertirlos en historias dignas de ser leídas.

Me pregunto si nosotros sabremos y podremos contar grandes historias que emocionen, que enfurezcan, que entristezcan, enternezcan o que hagan reír. Leo con admiración y con miedo a quienes, a pesar de todo, siguen dirigiéndose a un lugar del que todos huyen. A las Maries Colvin y los Javieres Espinosa de este mundo que se lanzan al conflicto a sabiendas de que vivir o morir depende de a qué lado de la pared se encuentren.

Yo no entiendo qué les empuja a lanzarse hacia donde nadie se atreve a ir para contar la historia. Yo no tengo esa energía. Quizás tenga otra. Pero, hoy, cuando el periodismo ve cómo se apagan sus estrellas más brillantes y se pregunta cuándo nacerán las nuevas, va mi respeto para quienes se lo juegan todo para ser la voz independiente de un horror que nadie más ha visto.

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