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Misandria por contraste

In Uncategorized on 25/04/2012 at 2:02 pm

Mi misandria nació en un salón de belleza parecido al de la película Caramel

En Egipto las mujeres terminamos desarrollando cierto grado de misandria. Misandria, odio a los hombres, he tenido que buscarlo en el diccionario. Mi misandria es pequeña, tiene nacionalidad egipcia y ha nacido por contraste. Es decir, no nació a causa de los hombres, sino por la ausencia de ellos.

Recuerdo muy bien el día de su nacimiento porque por primera vez en Egipto estaba en un recinto donde sólo había mujeres. Había bajado al salón de belleza para depilarme y, mientras esperaba mi turno, entró una mujer vestida con ‘niqab’, el velo islámico que tapa todo el cuerpo excepto los ojos. Cuando la mujer cerró la puerta tras de sí, alzó los brazos y con toda naturalidad se quitó el velo y la túnica negra para, a continuación, pasearse alegremente luciendo un chándal de colorines.

Nunca olvidaré la sensación de comodidad y de tranquilidad que rezumaba aquella mujer, todas las mujeres del salón de belleza, en realidad. Como todo en Egipto, el impacto no venía de la situación en si misma, sino del contraste.

“No puedo más, no puedo dejar de pensar en todas las manos que hay ahí fuera, no quiero salir de casa hasta marcharme de Egipto”, me decía el otro día una buena amiga en un momento de frustración e impotencia. No es que le hubiera pasado nada grave. Era el cansancio. Y la misandria.

Porque andar por las calles de El Cairo no es cosa sencilla. Están el tráfico infernal, la inmundicia y, por supuesto, los hombres. Un estudio del Egyptian Center for Women’s Rights de 2008 citado hasta la saciedad dice que el 80% de las mujeres en Egipto han sufrido acoso sexual y el 60% de los hombres admitía haber acosado.

El film '678' es un documento horrible pero interesante sobre el acoso en Egipto

Si una sabe dónde pisa y cómo moverse, el acoso casi nunca es físico. Son más comunes exclamaciones en mal inglés como “Oh my god!”, aunque hay algunas más humillantes (cuánto daño ha hecho el porno en Internet). Y están las miradas. La mayoría de veces los hombres miran desde la prepotencia y el desdén. Nos observan como algo ajeno, lejano, como si no fuéramos de su misma especie. Y quizás no lo seamos.

¿Qué ven en nosotras? ¿No se cansan de repetir las mismas burradas todo el día? ¿No se sienten ridículos en su papel patético de hombre bravucón y simple? He aprendido a andar por la calle sin mirar a nadie, pero a veces me asusta ver esa mirada, esa actitud, en los ojos de los niños. ¿Cuán perversa es una sociedad cuando incluso sus niños miran así?

Hay hombres por todas partes: en la calle, en el metro, en un taxi e incluso en la portería de casa. Hay días en los que salgo a la calle y sólo veo hombres. Y casi todos tienen su comentario graciosillo, su risita o su mirada repugnante. ¿De dónde han salido y porqué hay tantos? Un buen amigo mío lo llama “la crisis del año y medio”. Año y medio de hastío cairota.

Estos días hay cierto debate en los blogs y las redes sociales acerca de un artículo de la columnista egipcia Mona Elthawy en Foreign Policy titulado “¿Porqué ellos nos odian?”. La polémica viene porque Elthawy sostiene que la razón de la discriminación de la mujer en Oriente Medio se basa en el odio de los hombres hacia ella.

Las mujeres también perdieron ojos en Tahrir

Entre los detractores de este argumento hay quien recuerda que las mujeres son víctimas, pero no son débiles. Y es cierto. En Egipto más que en ningún otro lugar, las mujeres son admirables porque luchan en un mundo dominado por hombres-niño, acomplejados y caprichosos.

Basta con una visita fugaz a la Mugamma, el gigantesco edificio de la plaza Tahrir que alberga la administración egipcia, para comprobar que son las mujeres quienes organizan con energía y determinación el caos burocrático más formidable que he visto jamás. Invariablemente, los hombres quedan relegados a servir el té y pegar sellos.

A ver quién se atreve a hacerla callar

Conocer a mujeres egipcias me hace sentir todavía más misándrica. Ellas consiguen ser trabajadoras, madres, activistas en un mundo gobernado por bufones patéticos que se creen machos. Día a día, sortean el ego mayúsculo de sus hombres débiles y consentidos para hacer que las cosas funcionen.

No os confundáis, todos los hombres no son así. He hecho amigos excelentes, buenas personas con valores admirables que jamás harían nada de lo que he descrito en las líneas anteriores. Pero aun así, todavía tengo que conocer a un hombre egipcio que tenga la mitad de fuerza que cualquiera de sus mujeres.

Anuncis
  1. Laura como sabes no soy mujer pero puedo llegar a entender algo de lo que cuentas pues tu artículo me recuerda el día que en el metro de El Cairo, cerca de aquel barrio protegido cristiano, nos metimos mi mujer Núria, mi hija Adriana (16 años y vestida para ir a la Barceloneta) y mi hijo Oleguer, en el vagón reservado para hombres. Yo no soy tan alto como Jordi pero intenté estirar hasta el imposible mi metro ochenta y poner cara de póquer. Aún así creo que las miradas de los pasajeros (estaba a tope) no sólo impactaban en los cuerpos del sector femenino familiar si no en el mio. Fue una decisión consciente pues a la ida habíamos cogido un taxi de los pequeños y sin aire acondicionado. Claro no pasó nada pero me quedé con las miradas pegadas el resto del viaje. Saludos.

    Artur (discípulo musical de Jordi)

  2. Molt afinada, com sempre! T’enyorem!

  3. Me gusta tu artículo y ahora con esta nueva palabra que término de aprender “misandria” que me suena a “mi sandia”, es exactamente el tamaño que adquieren los ojos de los egipcios cuando ven a una mujer joven, no olvides este último detalle.
    Besitos

  4. Molt interessant Laura!

    Encara que el tema de la discriminació de la dona al món àrab i musulmà és un dels temes preferits dels conservadors occidentals, que només són capaços de veure elements com el vel des de la seva perspectiva curta de mira, trobo molt interessant el teu punt de vista, diferent de l’habitual i des de dins i gràcies a l’experiència que tens d’aquesta societat i de les seves dones.

    Segurament aniria bé una revolució de les dones (malauradament contra els seus homes, o una bona part d’ells).

    Fins aviat!

  5. Magnifico. Y tan real…

  6. Me ha encantaoooo!! y muy muy interesante Laura…espero que esta “misandria” pase a una fase tolerable (si es que es posible) y sigas contándonoslo todo, todo y todo desde Egipto. Espero que te vaya muy bien. Un beso

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