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5 momentos electorales

In Uncategorized on 25/05/2012 at 1:02 am

Shafiq, Musa, Tantaui y Mubarak: un reparto de lujo

Escribo esto y centenares de personas en todo Egipto hacen el recuento de las papeletas de las elecciones presidenciales. Estoy en el tren de Alejandría, camino a El Cairo, y se me ocurre que hay algo bonito y extraño en la certeza de estar ante un momento histórico y en la incertidumbre de no poder predecir lo que ocurrirá.

En estos momentos, los egipcios y los incondicionales de la actualidad en el país del Nilo suman resultados parciales compulsivamente en un intento de esclarecer antes que nadie quiénes serán los dos elegidos para pasar a la segunda vuelta.

Por mi parte, mientras el tren traquetea Nilo arriba, alcanzo un momento de relajación sin precedentes en las últimas semanas y, antes de envolverme en mi manta de Egyptair, decido reunir aquí cinco momentos electorales.

  1. “¿Alguien ha perdido a este niño?”

Nadie sabe si va a ganar, pero Abu al Futuh se ha currado la campaña más divertida de las elecciones

Corrían los últimos días de campaña electoral y todos los candidatos apuraban para mostrarse más guapos y más populares ante más egipcios. El islamista moderado Abu al Futuh juntó a mucha gente importante en un mitin multitudinario justo donde suelo ir a jugar a squash.

En medio del acto, entre parlamento de Wael Goneim y discurso de Mohamed Nur, líder del partido salafista Al Nur, aparece sobre el escenario un hombre cargando a un crío aterrorizado en brazos: “¿Alguien ha perdido a este niño?”, pregunta mientras lo muestra a miles de egipcios encantados de la vida por la interrupción. Tras pedir a los padres que no olviden recoger al niño antes de marcharse, el mitin prosigue, no sin alguna interrupción avisando de coches mal aparcados y críos extraviados.

  1. Una visita de Kafr al Sheij

El panorama durante la visita de la delegación de Kafr al Sheij no era muy diferente a este

Un día pienso que voy a asistir a una rueda de prensa en la sede de Amro Musa, en una bonita villa de Dokki. Al final, el acto termina siendo una “expresión de apoyo a la candidatura de Musa de parte de la gente de Kafr al Sheij”, en palabras de la chica de prensa. Al más puro estilo de Bienvenido Mr. Marshall, un centenar de personas –desde campesinos con ‘galabeya’ hasta abogados gordísimos y trajeados- llegan enarbolando pancartas con energía y marchando al compás que marca una banda de músicos estridentes.

Musa sale a recibir a la puerta de la villa y la visión del líder desborda a los visitantes de emoción. Sin pensárselo dos veces, los visitantes de Kafr al Sheij apartan de un manotazo a los hombres de seguridad, fuerzan la puerta de entrada y se lanzan sobre Musa. El candidato se deja llevar hasta un escenario donde es tocado y besado por decenas de seres sudorosos y muy entusiastas. Lo que hay que hacer para llegar a presidente.

  1. La rueda de recambio

Mursi, el candidato soso

Mursi, candidato de los Hermanos Musulmanes y hombre cuya sosez rivaliza con la de Montilla, solo tuvo opciones de ganar cuando Jairat al Shater, el hombre de la Hermandad que da miedo, quedó descalificado. Con el humor ácido que les caracteriza, los egipcios llaman a Mursi “la rueda de recambio”.

“Va la Policía y detiene a un grupo de gente por arrojar neumáticos ante un colegio electoral” es solo un ejemplo de los chascarrillos sobre el candidato con cara de pan y sonrisa boba que los egipcios se cuentan con malicia estos días.

  1. La sangre de los mártires

Jaled Said, el primer mártir

Un chico con una camiseta amarilla sostiene un cartel ante un colegio electoral de Alejandría. El papelito recuerda a los votantes que algunos de los candidatos que se presentan a estas elecciones son ‘fulul’, miembros del régimen de Mubarak. Cuenta que una quincena de amigos han impulsado esta iniciativa para recordar a la gente que, si han podido votar, es porque centenares de jóvenes murieron en su lucha por derrocar un régimen que todavía sigue en pie. El chico se niega a decir a quién ha votado o si lo ha hecho y, mientras habla, mira con la vista fija y sin pestañear a todos y cada uno de los hombres que van entrando en el colegio.

  1. El diente superviviente

Cuando no estoy en Barcelona, Alejandría es mi ciudad Mediterránea adoptiva

En mi incursión electoral a Alejandría conozco a un hombre que solo tiene un diente. No puedo dejar de mirárselo mientras me cuenta que nació en tiempos del rey Faruq y pienso que es un diente superviviente. Un poco amarillento y gastado, pero un diente que ha decidido quedarse allí mientras todos los demás se han ido desprendiendo de las encías. Me cuenta –el señor, no el diente- que le gustaba Nasser, pero que igual que Sadat y Mubarak, empezó muy bien y terminó haciendo cosas malas.

El señor que solo tiene un diente se lamenta: el barrio está muy deteriorado, la gente vive y duerme entre montones de basura muy apestosa y hay familias enteras viviendo en habitaciones minúsculas sin baño. Luego vienen hombres de fuera, hombres ricos, y compran los terrenos para construir edificios altos, cuenta. Como los construyen de forma ilegal y no calculan bien, los edificios terminan cayéndose encima de uno, varios o muchos habitantes o transeúntes. Los terrenos, dice el señor –o el diente- son de la gente del barrio, de la gente que vive aquí.

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