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Posts Tagged ‘25 Enero’

Sólo mujeres

In Cairotades on 04/04/2011 at 12:52 pm

El Cairo tiene metro. Lo digo porque a mucha gente le sorprende. Es bastante limpio, muy barato y razonablemente eficiente, aunque no llega a todas partes. Como siempre, aquí nada es lo que parece y de las tres líneas que salen en los mapas, sólo existen dos. En teoría la verde está “en construcción”, lo que en egipcio equivale al “vuelva usted mañana” en castellano. Como dicen aquí: inshallah (إن شاء الله).

No soñéis, la línea verde no existe

Es en el metro donde se me ha presentado mi mayor dilema en suelo egipcio. Dos vagones de los ocho que tiene cada tren están marcados con el cartel “Sólo mujeres” (للسيدات فقط). En el resto pueden entrar tanto hombres como mujeres, aunque lo común es que haya mayoría de hombres y una minoría de mujeres acompañadas de hombres o niños.

Sólo mujeres

De entrada, los vagones de las mujeres son más apetecibles: huelen mejor, están más vacíos y, lo más importante, no hay hombres y, por lo tanto, uno evita potenciales acosadores, miradas sugerentes, miradas de curiosidad o miradas a secas.

Tras largas discusiones conmigo misma y tras haber llevado a cabo encuestas de opinión entre la gente que me rodea, he llegado a la conclusión que debo aportar mi granito de arena a la causa feminista –de la que soy acérrima defensora desde que vivo en este país de machistas- militando a diario en el vagón mixto.

He acabado diciéndome que separar a hombres de mujeres es igual de absurdo que separar a ricos de pobres y a blancos de negros. Aunque en Egipto segregar a la gente por razón de sexo no obedece tanto a una cuestión de machismo descarado sino a un paternalismo más sutil que pretende proteger a las mujeres de las zarpas de los pervertidos.

En una sociedad que pendula de un extremo a otro, dentro del metro tanto puede ser que una mano despistada se pose sobre un trasero desprevenido -tranqui mami, que no me ha pasado nunca- como que los hombres se aparten como si estuvieras apestada en un intento graciosísimo de que entiendas que ellos NO son pervertidos.

Hora punta en el vagón 'Sólo mujeres'

Bromas aparte, las cifras acojonan. El Centro Egipcio por los Derechos de las Mujeres llevó a cabo en 2008 el primer estudio sobre este tema. Habló con hombres y mujeres y concluyó que el 83% de las mujeres egipcias ha sufrido algun tipo de acoso sexual y la mitad de las encuestadas lo sufría cada día. El 62% de los hombres egipcios admite que ha acosado a alguna mujer y el 53% cree que las mujeres son quienes provocan. Otro dato curioso: más del 60% de los encuestados (mujeres incluidas) cree que las mujeres que llevan el pelo o los brazos descubiertos son más susceptibles de sufrir acoso, aunque el estudio revela que son las mujeres veladas las principales víctimas.

Aún así o quizás por esto sigo creyendo que es importante que hombres y mujeres se mezclen y que esto sea normal.

En la delegación de Efe, donde el sector femenino es mayoría, hacemos encantadas este tipo de noticias y nos indignamos con este otro. Comentamos a menudo la necesidad de que un ejército de suecas en minifalda invada Egipto al más puro estilo del tardofranquismo español y tenemos la teoría de que después de la del 25 de Enero tiene que llegar otra revolución, más lenta pero más profunda: la de las mujeres, que algun día podrán llevar manga corta en verano, ponerse un bikini en la playa o aspirar a ser investigadoras, presidentas del Gobierno y cualquier otra cosa que se les pase por la cabeza.

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Libertad y democracia

In Cairotades on 08/03/2011 at 12:32 pm

Primera crónica desde el Egipto liberado

Se me ocurren muy pocas cosas menos revolucionarias que la ópera. Aún así, la de El Cairo ha puesto hoy su granito de arena al jamasín revolucionario que sacude Egipto desde el pasado 25 de enero. Lo ha hecho con un concierto especial; el primero que se tiene lugar en la Ópera del nuevo Egipto liberado y que se ha celebrado de la mano de la Orquestra de la Ópera de El Cairo y bajo la batuta del director Magdi Baghdadi.

La Ópera se suma a la revolución

Conocí a Magdi Baghdadi durante el ensayo general para el concierto de hoy. Es un hombre bajito y afable que al hablar desprende la simpatía arrolladora que caracteriza a los egipcios. No me atreví a hacerle la pregunta clave que todo profano de la música clásica le haría a un director de orquestra -¿los gestos que hace con la batuta son sólo para distraer al público o tienen algún significado?- Sí me atreví con otras preguntas más previsibles.

“Íbamos a hacer un concierto normal, pero después de la revolución decidimos hacer algo especial”, me contó. Cuando se dio cuenta de que mis conocimientos musicales rozan lo nulo, me explicó amablemente de qué iba el repertorio: “Son marchas para traer la alegría a los corazones de la gente, son emotivas y divertidas; pero no son marchas militares”, añadió.

Luego me explicó cómo se siente él y, por extensión, el resto del pueblo egipcio: “Es como si todo hubiera estado nublado durante mucho, mucho tiempo. Ahora de golpe ha salido el sol y estamos todos deslumbrados. Cuando estás deslumbrado tienes que cerrar fuerte los ojos y luego volverlos a abrir varias veces para acostumbrarte a la luz”.

Y en esto está el ‘maestro’ cuando comparece ante el público de la Ópera con una sonrisa en los labios. Se sube a la tarima y mira a sus músicos. Luego vuelve a bajar, nos mira a nosotros y se le quita la sonrisa cuando empieza a hablar. Nos pide en árabe y en inglés que antes del concierto hagamos un minuto de silencio por los mártires de la revolución. Orquestra y público nos levantamos como un solo hombre y clavamos la mirada al frente.

Este minuto cambia todo lo que viene después. Ahora poco importa que el público de una sala con capacidad para 1.200 personas apenas llegue al medio centenar. Al entrar me pregunté si los habituales de la ópera son todos pro-Mubarak o si simplemente no hay aficionados a la música clásica en Egipto. Luego entiendo que hoy los músicos no tocan para el público, sino para ellos mismos.

Lo sé por la sonrisa de la chica que toca el contrabajo con los ojos cerrados, por las miradas de complicidad entre los violinistas, por la mujer que abraza su viola y por como todos y cada uno de ellos sonríe con orgullo cuando interpretan la Marcha egipcia de Johann Strauss II, una pieza que fue compuesta especialmente para la inauguración del canal de Suez.

Desde su atril y batuta en mano, Baghdadi está exultante y apenas contiene una emoción que se va haciendo más espesa marcha tras marcha. A ratos, baila con los pies mientras dirige con los brazos. Hacia el final, cuando alguien en el público comienza a acompañar la Marcha Radezky de Strauss con las palmas, Baghdadi hace gestos al resto de los asistentes para que se unan al concierto.

Durante el rato intensísimo que dura la pieza, el público deja de ser el público y todos tocamos al ritmo que marca Baghdadi, el egipcio que durante los días de la revolución cambió la batuta por una barra de hierro y salió a patrullar las calles porque alguien tenía que vigilar el barrio mientras el resto se manifestaba.

Ayer, al terminar la entrevista, le pregunté cuál era su sueño para el nuevo Egipto. Me miró a los ojos y me dijo: “Libertad y democracia”. “¿Entiendes estas dos palabras?” -me preguntó. Y se quedó callado unos segundos para que yo me diera cuenta por primera vez de lo que significan libertad y democracia el día 7 de marzo de 2011 sobre el escenario de la Ópera de El Cairo. Y entonces repitió: “Libertad y democracia”.