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Día en el mercado… de camellos

In Cairotades on 30/04/2011 at 4:24 pm

Día: Sábado. Hora: Ocho de la mañana. Ciudad: El Cairo. Barrio: Dokki. Calle: Mohai al Din Abu al Ezz. Posiblemente la calle con el nombre más largo y difícil de memorizar de toda la ciudad, con la dificultad añadida de que ninguna de las palabras que la forman es Mohamed.

Fuad y yo llegamos a la cita armados con sendos cruasanes rellenos de queso feta, una botella de agua y una cámara de fotos. Objetivo: el mercado de camellos de Birqash, a 35 kilómetros al norte de El Cairo. Como allí no llegan ni los minibuses, ni los autobuses ni -por supuesto- los trenes, el primer reto es encontrar un taxista que sepa llegar.

Tras varias intentonas encontramos a uno que asegura que conoce el lugar. Nos montamos y a los dos minutos está llamando a un colega y preguntándole a gritos cómo ir a Birqash mientras esquiva minibuses a una velocidad demencial en la calle Sudán.

Cuando ya comenzamos a sospechar que nuestra excursión dominical (aquí el sábado es el segundo día del fin de semana) se quedará en nada, nuestro taxista da con la carretera y Fuad y yo nos relajamos en nuestros asientos y nos dedicamos a contemplar la campiña cairota.

En la campiña cairota

La basura a ambos lados de la carretera alcanza distintos estados de descomposición a juzgar por el olor que desprende y por el apetito que muestran los pájaros que se lanzan sobre ella. Los edificios altos pronto se convierten en casas de ladrillo de dos o tres pisos y disminuye también el trajín de gente que caracteriza la capital. De hecho, la gente aluncina con la presencia de un taxi (blanco) llevando a dos extranjeros a bordo y se dedican a saludarnos efusivamente con la mano.

Atención a la carne colgando de los ganchos...

Pronto comenzamos a ver más y más campos verdes y a tener la sensación de que nos encontramos a años luz de El Cairo. Pero la cosa cambia cuando nos llegamos a los alrededores del mercado de camellos. Son un gigantesco basurero salpicado por una decena de cadáveres de camellos, secos y medio comidos por los perros. El hedor a podredumbre y a cadáver es tan intenso que casi se toca, aunque por suerte dentro del mercado el olor a heces de camello disimula todo lo demás.

Birqash en plan espía

El mercado de Birqash es uno de los más grandes de Oriente Medio. Sólo en Arabia Saudí pueden encontrarse mercados similares. Los camelleros traen los ejemplares por decenas desde Somalia y Sudán en largas caminatas a través del desierto que sólo terminan en Asuán, desde donde les montan en camiones hasta Birqash.

Camellos en camión

Se calcula que los viernes, día de mercado, pueden llegar a venderse hasta 3.000 camellos con precios que oscilan entre las 3.000 y las 10.000 libras egipcias en función de la edad del ejemplar, el sexo y la condición física.

En Egipto los camellos son muy apreciados tanto por su carne -no por buena, sino por barata- como por su capacidad de trabajo: comen poco, trabajan mucho, no se cansan tanto como los bueyes y aguantan el calor mejor que los borricos.

Los dientes son importantes

Los camellos tienen cara de buenazos

Aclaración: el lector avispado habrá notado que los camellos egipcios sólo tienen una giba por lo que en realidad deberían llamarse dromedarios. Aún así, en árabe ambos se llaman gumal o جمل.