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Posts Tagged ‘Contaminación’

Rojo, blanco y negro

In Cairotades on 16/03/2011 at 11:07 am

Rojo

Una ola de patriotismo ha tomado Egipto. Tras treinta años de humillación, vergüenza y derrotas, los egipcios vuelven a sentir orgullo de serlo. En las protestas, el grito ya no es “fuera Mubarak” o “el pueblo quiere la caída del régimen”. Ahora los manifestantes proclaman: “Camina con la cabeza alta: Eres egipcio”.

Una ola de patriotismo toma Egipto

La frase se escucha en las protestas y se lee en las pancartas, banderas, camisetas, pegatinas y en general en el variopinto –y a menudo hortera- merchandising revolucionario que ha invadido El Cairo en las últimas semanas.

El rojo, el blanco y el negro están en todas partes. Los egipcios se han preocupado de que nadie olvide lo que hicieron entre el 25 de enero y el 11 de febrero, así que han pintado con su bandera aceras, árboles, macetas, puentes, barandillas, garitas de la policía y, en general, todo lo que puede ser pintado.

Blanco

Algunas cosas no han cambiado, o lo han hecho sólo un poquito.

El aire irrespirable

El tráfico, más caótico si cabe. El Nilo, lo único bonito que tiene esta ciudad. Cómo la naturaleza exuberante convive con la polución. Cómo miran los hombres a las mujeres. Cuánto nos desprecian. El aire irrespirable y el humo negro de los autobuses. Lo complicado que es llamar por teléfono y conseguir fuentes (aunque Facebook y Twitter han facilitado un poquito la tarea). Que los taxistas quieran engañarte. Que las cosas en casa no funcionen. Que nadie sea puntual. La tranquilidad de los viernes. El ajetreo en los mercados.

Negro

La otra cara de la moneda es la incerteza. Nadie sabe quién gobernará este país ni cómo. Nadie sabe si los turistas, principal fuente de ingresos del país, volverán. Ni cuándo. Nadie sabe si su negocio, si todavía lo conserva, seguirá dando beneficios. Ni hasta qué día. Algunos no saben si podrán comer mañana. Otros no saben qué comerán esta noche.

En las calles aumenta el número de pedigüeños y uno ve las primeras señales de que El Cairo ha dejado de ser una megalópolis hipersegura y se convierte en una de las tantas grandes ciudades donde el robo y el crimen no son raros.

Paradigma de esto último es la portería de mi edificio. Antes de la revolución no había puerta. En serio. Bastaba con subir unos escalones, saludar al bauab y darle al botón del ascensor. Durante la revolución los bauabs decidieron prevenir los saqueos con una barricada divertidísima de maderas con estampado floreado.

Ayer los obreros dibujaron sobre el mármol la forma de una puerta y hoy han comenzado a perforar. Pronto tendremos una puerta.

Y a continuación… mis pinitos con la camarita, un clásico de las becas Efe

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Breathing In – Breathing Out

In Cairotades on 10/01/2011 at 10:07 pm

Tras 24 horas en El Cairo, ocho de ellas pateando calles, me duelen los pulmones y me duele respirar. Cada vez que veo el humo negro, muy negro, salir de los tubos de escape, el pecho se me encoge un poquito más.

Hoy he visto seis pisos en siete horas y creedme, es un record. En el primero, un chico americano muy simpático me ha avisado de que esta ciudad me volverá dura –“you’ll get tough”- y ha añadido que unos meses aquí equivalen a un military training en toda regla. Allá vamos.

He optado por los taxis blancos, los que llevan taxímetro. Sé que los negros son más auténticos, pero regatear no entraba en mis planes, aunque los egipcios se las saben todas y huelen al novato a la legua. Todos se las han ingeniado para sacarme unas libras de más, pero el último taxista era tan simpático que no me ha importado que me paseara alegremente por todo Zamalek alegando que no conocía bien el barrio, uno de los más bien señalizados de la ciudad. Aunque todo puede ser.

Khaled Al Khamissi sostiene en su libro, Taxi, que aprovecho para recomendar, que un gran número de taxistas cairotas no conoce ni siquiera las calles principales y esto, unido a que los árabes prefieren recurrir a la invención antes que reconocer que no saben dónde está algo, hace que a menudo el pasajero tenga que indicar el recorrido paso a paso.

Y en mi primer día, no estoy en condiciones de indicar nada. De hecho, hoy me he perdido todas las veces que he salido. No consigo entender en qué dirección tengo que coger las calles. Cuando creo que ando por la calle Muhammad Mazhar, resulta que estoy en Muhammad Maraashi o Muhammad Anis. Que la mayoría de calles se llamen “Muhammad algo” no ayuda. Que el mapa que me compré no se corresponda con la realidad, tampoco.

Así que he decidido dejarme llevar. Sobre las 5 de la tarde he renunciado a entender cómo funciona el callejero de esta ciudad y me he echado a andar hasta que he aparecido milagrosamente ante el piso de Fran.

Nota al lector masoquista que ha conseguido llegar hasta el final: soy consciente de que la euforia de los primeros días me está llevando peligrosamente a convertir este blog en una vomitona diaria. Prometo moderar mi incontinencia verbal en cuanto se me pase esto y limitar los post a uno o dos semanales, máximo.