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De cómo se consiguen las fuentes

In Cairotades on 20/01/2011 at 12:21 pm

En Egipto algunos teléfonos tienen siete cifras, otros ocho y los más nuevos (el mío) hasta nueve. Supongo que la pasión de esta gente por los teléfonos móviles ha agotado los números en pocos años. Aunque de esto y de la sorprendente paradoja que lleva a los egipcios a conducir coches pegados con cinta adhesiva y a la vez a poseer móviles de última generación hablaré otro día.

El prefijo egipcio es el 002, los móviles empiezan por 01 y los fijos por 02. Hasta aquí todo es muy sencillo. Pero como suele pasar aquí, nada termina siendo lo que parece.

Tuut tuut, tuut tuut, tuut

– Alo?

–  Hi, my name is Laura Millan, I’m a spanish journalist, can I speak to…

–  ?اسف مش بتكليم الانكليسي كويس, بتكلم العربي

– لا اسيف

– تيب, wait

Tuut tuut, tuut tuut

– Alo?

– Hi, my name is Laura Millan, I’m …

Tuut tuut, tuut tuut, tu

– Alo?

– Hello, I’m a Spanish journalist…

– Wait

Tuut tuut, tuut tuut, tuut tuut

– Alo?

– Hi, do you speak English?

– No, sory. Wait

Tuut tuut, tuut tu

– Alo?

– Hello, I’m a Spanish journalist, do you speak English?

– Yes, what do you want?

¡¡¡¡ALELUYA!!!!

Cuando alguien te dice que habla inglés es como en las películas: el mundo parece más brillante, toda la redacción de EfeCairo intercambia sonrisas victoriosas y suena una música de esas que te hace volar.

Claro que siempre existe la posibilidad de que, cuando la persona adecuada coge el teléfono, sea su hora del almuerzo, su hora de marcharse o simplemente, no le apetezca hablar. En este caso -recordemos, aquí nada es lo que parece- el contacto pide educadamente que le llames en media hora.

La primera vez, esperas paciente a que pase media hora, vuelves a llamar y se abre un nuevo abanico de posibilidades que suele ir del “sigo ocupado, llama de aquí media hora” al “lo siento, esta persona se marchó hace exactamente media hora”. Por supuesto que te pueden dar su número de móvil. Sólo que, cuando le llames, no contestará o te pedirá que le llames en media hora.

Al final, uno entiende que debe resignarse ante la triste evidencia de que al contacto no le apetece hablar. A partir de ahí sólo queda echarle mano a la imaginación, pensar en otro ministerio, otra fundación u otra ONG donde pueda haber alguien con un cargo equivalente al que acaba darte calabazas y volver a comenzar el proceso.

Nunca la expresión demasiado manida de “trabajarse las fuentes” ha sido tan verdad como en esta ciudad. Aquí, cada número de teléfono, tenga las cifras que tenga, es un pequeño tesoro que hay que guardar con mucho celo. Los contactos no abundan, gente que hable inglés tampoco y alguien que reúna las dos condiciones es un regalo caído del cielo.

Objetivo para la próxima semana: buscar un buen profesor de ameya, el dialecto egipcio, para dejar de hablar en árabe-anglo-indio con los cairotas y poder tener una conversación digna por teléfino.

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